Hay veces que es mejor dejar la mancha en la pared que hacer de ella un churrete. Dice un proverbio sufí; que lo que se esconde debajo siempre tiende a saltar a la superficie. Ósea, que si Marlaska se va, o le piden que se vaya (ambas opciones inviables en el lodazal Sánchez) pudiera ser ocupada su silla por un descendiente de la nobleza de Esquerra, por un sicario de Bildu o por un miembro del linaje chavista de Iglesias. También podría ocurrir que ofrecieran la vacante a una de esas féminas que necesitan enseñar al mundo una teta para mostrar su indignación por haber nacido mujer en el 2020. Complicado asunto para un gobierno con un rasgo afín con el imperio romano; quedarse con lo que no es suyo y, cuando no están robando, se están matando entre ellos. Y ¿por qué he de dimitir yo? se preguntará Marlaska, promotor de la injerencia y proclive al chantaje, pensando por ejemplo en Ábalos o, peor aún, en Dolores Delgado, pájara de alto vuelo (viene aquí al anillo la payasada inclusiva que ellos adoran). A fin de cuenta vivimos en un país donde todo llega y todo pasa sin dejar huella; a excepción de la memoria histórica, los huesos de franco y el perpetuo conflicto entre derechas e izquierdas. Donde los okupas te echan de casa y suben un video regocijándose de su hazaña ante los ojos de un gobierno que consiente y calla. Donde un africano, morisco, árabe o cualquier inmigrante avispado, recibe una paga del gobierno sin pretexto legal o por supuesto maltrato, para luego volverse a su país y meterse en la cama con su verdugo y la paga, en tanto aquí hay gente que vive en la miseria, se crucifica a impuestos a autónomos y a la pequeña empresa y se niega ayuda a los parados. Un país que ve como se cierran a diario librerías, cines y teatros porque la cultura no importa, como tampoco importa esas mentes brillantes que tienen que hacer la maleta y empezar fregando platos (puedo dar buena fe de ello) en países que finalmente reconocen su talento y apuestan por ellos. Hay una España de valores, pero ha quedado solapada bajo la corrupción de políticos jamás antes presenciados. Una calaña de gentuza que enseña a las nuevas generaciones a robar, a engañar para no dar un palo al agua, a mentir para conseguir objetivos y a venderse si el poder así lo requiere. Y a la cabeza, un presidente borracho de soberbia que clama a voz en grito !viva el 8M! mostrando así cero empatía con enfermos y muertos. Tirando a la basura un luto-paripé y secundado por un vicepresidente carcomido por la más letal de las infecciones; el odio. Y a todas estas, se oye al rey pidiendo aceite y leche para los necesitados. ¿Puede haber más desatino e incongruencia por metro cuadrado? Quizás el hombre, en medio de la contienda, tenía en mente la leche y la miel que Yahvé prometió a Abrahán a la llegada a la nueva tierra. Aunque hubiera sido menos incendiario, si en vez de aceite y leche, hubiera optado por panes ácimos y hiervas amargas, aunque no estemos en el mes de Nissan ni sea esta la pascua cristiana.

By |2020-06-11T14:43:38+00:00junio 11th, 2020|Blog|0 Comments

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