Cualquier forma de acoso no es mas que una cobardía, mucho más cruel e injusto cuando el que sufre es un niño. Los daños en la infancia tienen efectos nocivos en el adulto. Y, cuando la mente se quiebra, es tarea excesivamente delicada intentar unir los cachitos. A mi me toco vivir la España en la que tu padre te decía que hablaras como un hombre o que comieras como los «machos» , lo que me hizo pensar largo y tendido sobre como comen los hombres o como hablan los machos. Macho… era por aquellos años la aspiración mas elevada de un padre para con su hijo.
Triste, que en los tiempos que corren ahora y, con el avance tecnológico y científico, la mente humana se haya quedado muy por detrás de donde debería. Antes, te esperaban a la puerta del colegio para darte una paliza, ahora, te amenazan por las redes, pero en ambos casos se consuma la violencia física. El que acosa no es mas que un ser inferior, acomplejado e inseguro, que utiliza la fuerza como única arma para canalizar sus miedos y aplacar su precaria autoestima. Pero esto no le importa al que sufre de acoso. !Ni le importa ni debería!
No estaría mal abrir una ventana y ventilar un poco el cuarto de las ideas preconcebidas, que por cierto, viene oliendo ya a podrido.

By |2019-05-12T16:37:26+00:00mayo 12th, 2019|Blog|0 Comments

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