Han tenido que llegar a contagiarse los blancos de Lérida y Huesca para que se les de a los negros un lugar donde dormir. ¿No es esto racismo? ¿Desigualdad? ¿Deshumanización? ¿Que estatuas vamos a ir a derrumbar esta tarde? No hace falta poner el grito en el cielo revisando lo que ocurrió siglos atrás cuando la actualidad nos trae noticias idénticas pero a todo color. No sé que le pagaran a estos temporeros, aunque tengo la absoluta convicción de que están siendo vilmente explotados y, aún así, nadie ha cedido a alquilarles una mísera vivienda donde descansar y ducharse tras una jornada que ningún blanco desearía para sí. Esto se llama abuso y violación de los derechos humanos, aunque a nadie parece importarle porque pertenecen a una clase marginal y son de etnia negra. Recordemos que los españoles que emigraban a Alemania se les «confiscaba» en barracones (gesto muy loable de los auto llamados Arios para aquellos que no están a la altura de su raza), e incluso muchos, se veían obligados a compartir cama, pero, al menos, dormían bajo techo. No hace falta viajar al pasado para encontrar huellas de injusticia, abuso y desprecio entre humanos; rasgo impreso en algún punto de su mapa genético.
Vivía yo en San Francisco cuando un día el chofer del autobús, negro por cierto, me echó fuera y me llamo blanco de mierda por no llevar el cambio justo. Cierto que me dolió, pero nada comparado con el sufrimiento que ellos vienen padeciendo desde que a alguien se le ocurrió pensar un día que el color de su piel les hacía inferiores.
By |2020-06-25T10:23:10+00:00junio 25th, 2020|Blog|0 Comments

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