Vivimos en la época quizás más superficial de la historia, donde el ánimo colectivo ha cedido a favor de la idiotización generalizada. Las cosas que realmente importan pasan por encima, en tanto, la banalidad se perpetua. Ahora, cuando el mundo sufre una pandemia y el hambre y el paro azota a países de clase media y baja, resulta que toca derribar estatuas. Hacer añicos a Colón, Jefferson Davis o Winston Churchill, nada tiene que ver con la esclavitud ni con el asesinato de Floyd, más bien se trata de un acto de vandalismo provocado por gentuza violenta que aprovechan la oportunidad para tirarse a la calle y destrozar lo primero que encuentran. A estas alturas de la vida, donde la tecnología y el avance científico supera en muchos aspecto la ficción, la xenofobia, homofobia y todo lo que acabe en fobia, debería estar ya superado. Claro, que estas aberraciones de la conducta humana nada tiene que ver con la ciencia, sino con la formación moral y ética del individuo, y esto, no se aprende en las aulas, sus raíces se gestan en el seno familiar, aunque el entorno también afecta. Revisar la historia no es perjudicial, querer cambiar lo que ha ocurrido es una autentica idiotez; perdida de tiempo de aquellos que no tienen nada mejor en que ocuparse. Si la historia del mundo está repleta de errores, injusticas, holocausto y barbarie, no se debe al azar, sino a la acción del ser humano. Partiendo de aquí, quizás vendría mejor dejar el pasado descansar en la memoria y estar más pendiente de lo que pasa por nuestra mente.

By |2020-06-21T18:20:48+00:00junio 21st, 2020|Blog|0 Comments

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