Afanados por repetir mantras como;  “Tu puedes” o “Eres dueño de tu destino” se tiende de manera muy solapada, aunque con ágil maestría, a ignorar el pasado. Y, es que en las estanterías de la sociedad consumista de hoy día, ya no interesa este tipo de producto retro alimenticio, que remueve la bilis y termina provocando ardor de estómago, cuando hay edulcorantes a la venta con un alto poder estimulante y sin efectos nocivos, como; “La felicidad está a tu alcance” o “Tu puedes conseguir aquello que te propongas”.

Cierto que el pasado puede llegar a ser molesto, cargante, e incluso ofensivo, según se mire. Pero al contener el ADN de la experiencia, es rico en sabiduría. No en vano, la mente no da un paso al frente sin consultar antes con lo anteriormente vivido.

Pero al mundo moderno no le interesa la reflexión, al igual que la totalidad de la historia no se ha escrito a raíz de lo que ocurrió, sino de aquello que se acordó por unanimidad que debía de ser referente y punto de partida.

Cierto que el pasado es un espejo con fisuras, empañado en vaho y que no refleja la imagen deseada de uno mismo. Aun así, sigue siendo más útil que el sutil presente, y más cierto que el “posible” futuro.

Imagino un presente sin pasado como una enorme autovía, sin señales ni postes publicitarios, ni indicadores, ni punto alguno de referencia.

By |2018-09-13T15:08:36+00:00septiembre 13th, 2018|Blog|0 Comments

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