“…Y al ver que la partera le había ayudado a traer un hijo al mundo y seguía virgen, la mujer metió el dedo en la vagina y se quemó por incrédula”.  Seudo evangelio de Mateo.

He citado el pasaje de memoria, pero es lo que viene a decir el texto. Yo observo dos tipos de fe, la fe en la consecución de un proyecto, la creencia en mis posibilidades, la convicción de resolver un problema poniendo todo mi esfuerzo, la fe en una inteligencia muy por encima de la humana porque el orden extraordinario y la coordinación del Universo me avisa de ello. Fe al ver que una criatura cobre vida dentro de un vientre sin ejecución de mano externa. Pero desconfío de la fe a ciegas, esa fe sin criterio racional o científico que me deja a solas en una habitación a oscuras, sin nada seguro donde sujetarme.

Una fe desmedida por la pasión, el fervor, o la alucinación colectiva, conduce a realidades no reales. Es una fe con riesgo, no carente de peligro. Verdades abanderas por el hecho de ser poseedor de una verdad que no admite discusiones, debates, ni está sujeta a criterio alguno. Es esta segunda fe donde los dogmas de la iglesia nos invitan. Doctrinas que necesitan de una urgente de necesidad de replanteamiento ya que son una ofensa para el conocimiento. Una barrera para el avance.  

El pasaje del seudo evangelio de Mateo no deja de ser un calco (con escena diferente) del evangelista Juan, cuando relata que Dios le pide a Mateo que meta su mano en su costado y que crea, que sea fiel. No es que sea este el pensamiento común de hace dos mil años (son textos interpolados por la mano de cristianos primitivos muy tardíos), sino la intencionalidad y la perspicacia de la iglesia al instarnos a creer a ciegas, estrategia para mantener a la gente al margen del conocimiento y las verdad descubiertas por la ciencia. Un propósito que les ha mantenido encumbrados en el lugar privilegiado donde están ahora; años luz de la práctica y prédica del rabí Jesús, Joshua o Josué.

Al escribir sobre este tema, echo mano de la exegesis bíblica crítica, no confesional, la fuente histórica y la arqueología. No aspiro a intencionalidad alguna de herir sensibilidades. Es más, lo hago desde un profundo respeto hacia cualquier tipo de fe, ya sea mística o laica.

El peligro de alzar verdades y elevarlas a doctrina sin medios para justificar su veracidad ha dado lugar a genocidios, guerras y marginación. Las religiones y la política abanderan estas teorías sin base científica ni un criterio serio. Unos y otros se sirven del manejo de mentes débiles, inseguras, necesitadas de una guía para ganar adeptos, ofreciendo la promesa de un reino justo que nunca llega. 

Y una forma de meterse en la mente sin llamar a la puerta es repetir hasta la saciedad. Nos acostumbramos a escuchar algo hasta llegar a aceptarlo. La aceptación lleva a una certeza, y la certeza a una creencia. Es esta una forma eficaz y sublime de adoctrinamiento. 

Domingo Terroba