Se ha ido tal y como vivió su vida; coherente y elegante. Sin necesidad de levantar la polvareda que necesitan otras actrices de medio pelo a pelo corto, como viene siendo habitual en las nuevas generaciones. Olivia de Havilland deja viudo al cine y Hollywood pierde a la ultima dama de sus años dorados. La dulce Melania vuelve a reencontrarse después de una larga ausencia con su amiga Scarlett O´Hara, a quien sabía sobrellevar con bondad y paciencia, y de la que nunca se sintió a la sombra, como apuntó la Warner a despecho. Ella daba vida a una mujer de carne y hueso, afirmaba convencida la actriz siempre que intentaban sonsacarla. Tanto Olivia como Scarlett fueron grandes actrices marcadas por una vida difícil. Vivian lidió con una enfermedad mental de la que pocos tuvieron conocimiento, y que acabó convirtiendo su vida en un infierno. Olivia, tuvo que soportar el despecho y la malicia de Joan Fontaine, su propia hermana, quien la odiaba con una obsesión enfermiza. Un odio que posiblemente estuviera enraizado en la infancia, allí donde suelen anidar los traumas. Olivia de Havilland deja una trayectoria interpretativa imposible de imitar, ejemplo para esas actrices que solo ruedan delante de una cámara; así como Hollywood murió cuando dejó de hacer cine para engendrar artificios mecánicos exentos de vida y emociones. No sabría elegir el personaje que mejor encarnó la actriz en su dilatada carrera. Todos ellos están impregnados de su talento innato, haciendo de cada creación un ejercicio irrepetible. Recuerdo la escena de Gone with the wind, en la que Melania socorre a Scarlett ante la mirada inquisitoria de los invitados, perplejos al ver a una viuda enlutada bailando con la efervescencia de una adolescente. El acto está impregnado de un dramatismo no ficticio, donde hierve una jauría de pasiones que solo una actriz de su talento podría resolver sin rozar lo ridículo, caer en lo melodramático o hacer de un momento cumbre una payasada. Olivia de Havilland nos ha dejado hasta un nuevo reencuentro. Ahora vive libre de la tortura del tiempo; esa cosa impaciente y demoledora que falsea la belleza y desdibuja los recuerdos. !Feliz viaje! Y, gracias.