La farándula gay no debe confundirse con el derecho a la igualdad que claman quienes aún hoy siguen siendo victimas del separatismo y el desprecio por ser homosexual. Es trágico que un acto por la reivindicación de derechos legítimos se haya convertido en un circo callejero que engorda las arcas de los ayuntamientos de pueblos y ciudades. Un año más declaro mi oposición y rechazo a un espectáculo vulgar y esperpéntico que fomenta la discriminación y el aborrecimiento hacía un colectivo que parece disfrutar haciendo el ridículo, pero que luego se ofenden si se les juzga con la misma moneda. Absurda contradicción, como absurda su forma de exigir integración desde la segregación. Ser homosexual no es ser maricón. El homosexual pide derecho en igualdad desde el respeto y la formalidad, con las heridas de los insultos en la frente y el dolor del rechazo pegado a la piel. Jamás se ha hecho del sufrimiento un festejo, ni hay duelo que se viva con alegría, ni dinero que alivie la tristeza. Los que sufrimos el estigma de ser diferentes a los ojos de los que son diferentes, convivimos con esta realidad sin ánimo resignado. Pero no necesitamos ser representados por banderitas con arcoíris. Ni disfrazarnos de drag queen para llamar la atención. Ni fomentar la promiscuidad. Ni hacer de una opción sexual una forma de vida. Ni mostrar torsos peludos atados a cintas de lentejuelas al son de «a quien le importa», porque este asunto no debería importarle a nadie. Esperar el día para subirse a una carroza con pamelas de plumas no va hacer que la gente identifique a hombres, sino a reinas trasnochadas en un burdel cualquiera. Yo estoy dentro de ese grupo de niños que han sufrido maltrato físico y psíquico por ser «diferentes». Muchos de mis traumas, aún hoy vigentes, se gestaron en esos años tempranos cuando estudiaba E.G.B. Con apenas 9 años tres chicos de mi clase se bajaron los pantalones y me encerraron en el váter del colegio. La llegada fortuita de un maestro evito lo que estaba a punto de consumarse. Esto es algo que jamás he contado a nadie. Ya pasó. No guardó rencor alguno ni sufro en absoluto por ello. Era lo que tocaba en aquel tiempo y, lo que lamentablemente aún sigue ocurriendo ahora. De ahí mis ansias por salir del pueblo en busca de la libertad del la ciudad; lo que tampoco hubiera cambiado nada. Y digo esto, porque no comprendo tanta fogosidad y fantasía en un acto que debería estar marcado por una estricta seriedad. Ser homosexual no es nada de lo que haya que sentir orgullo, a no ser que quieras hacer de tu vida un circo. El talento, la paciencia, el sentido común, la empatía, la responsabilidad… estos son rasgos de admiración. Tengo que decir que a pesar de todo, jamás me he sentido inferior a nadie por elegir a un hombre en mi cama. Y, de haber necesitado la aprobación de otros, jamás se me hubiera ocurrido disfrazarme de drag queen. Soy una persona como otra cualquiera. Quien quiera verme diferente está en su derecho, pero ese no es mi problema. Como tampoco va a conseguir que le dedique uno solo de mis pensamientos.

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By |2020-06-27T14:25:42+00:00junio 27th, 2020|Blog|0 Comments

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