Es Egipto la cuna de la creencia en el más allá. Un privilegio solo reservado a los Faraones y a los ricos. Los demás, el pueblo, moría para siempre, sin otra suerte que el olvido eterno.

En el s. VII y en la cultura griega, se cimenta la idea de un juicio final.

Los griegos creían que el hombre tenía alma y cuerpo por separado. Al pudrirse el cuerpo tras la muerte, había que enviar al alma, que es inmortal, a algún lugar para el descanso o continuidad. A esa inquietud se suma las injusticias de este mundo que debían ser reparadas en alguna parte o, de lo contrario, esta vida se convertía en un plan injusto y sin demasiado sentido. Todo ello conduce al desarrollo de un programa de vida de ultratumba que se va gestando en el seno de una cultura milenaria que busca respuestas a la continuidad de la vida tras la muerte.

200 años a. C. el pueblo israelí no tenía ninguna creencia en el más allá

Puede parecer increíble, pero así es. Cierto que había esbozos en los antiguos textos bíblicos que apuntaban de manera difusa al mundo de los muertos, como el profeta Ezequiel, Salmos 73, 16, etc… ,, pero no fue hasta el S.II y a raíz de la relación comercial de Israel con los Persas, el influjo de la religión Órfica y la mezcla con la cultura griega( creencias por la que los judíos sentían mucha atracción), cuando comenzaron a ampliar y enriquecer su fe influidos por una visión más platónica. Sin olvidar que su religión era para ellos la única verdadera.

¿Cuándo se instaura en el cristianismo la creencia de un juicio final?

Hay que esperar a los evangelios, Mt 25 y Mc13 que dan una visión más firme y definida del tema. Tampoco es de extrañar que el cristianismo tarde en fijar sus dogmas, teniendo en cuanta que les costó 430 años definir la naturaleza de Jesús como Dios y hombre en el concilio de Calcedonia del 451.

Para los primeros cristianos la idea del juicio final estaba ligada a la llegada de Jesús resucitado y como juez verdadero, teniendo en cuenta que la creencia en su resurrección no fue inmediata tras su muerte, sino que se fue gestando poco a poco en el esfuerzo y la intención de dar sentido a un final inesperado e infame como es la crusifixión. Se esperaba que Jeshua bajara del cielo al monte de los olivos escoltado por 12 legiones de ángeles, Mt. 25. Allí mismo juzgaría a vivos y a muertos. De ahí que muchos vendieron sus casas y todo lo que poseían y se fueron al monte a esperar la apoteósica llegada del mesías para la instauración del reino de Dios.  Un reino que debía ocurrir en la tierra y de forma inmediata.

Jesús esperó la llegada del reino de Dios como un judío más (nunca se autoproclamó mesías, solo al final de su ministerio, y tampoco está claro del todo). Aunque sabía que se metía en la boca del lobo yendo a Jerusalén, lo hizo pensando en que iba a triunfar. Dios le enviaría una legión de ángeles y acabaría de una vez para siempre con la sumisión de Roma e instauraría su reino en la tierra elegida por Yahvé. La idea que Jeshua tenía del juicio final era igual a la de los profetas de la Torá, ya que Jesús era un fariseo que vivió, creció y murió observante de la ley.  «… no he venido a abolir la ley sino a hacer que se cumpla hasta la última letra...  Mateo 5, 17″. ¿De qué ley está hablando el rabí?, pues de la Torá. Querer hacer de Jeshua un cristiano es una incongruencia, una falta de conocimiento del personaje en su marco histórico, en su ministerio y en la sociedad de su época. Jesús no tenía idea de qué era el cristianismo, pues en su tiempo no existía nada parecido. Él era un profeta justo, que quiere decir, un judío observador de la ley de Moisés.

¿Creían los judío en un juicio individual al igual que los cristianos?

No se dice en ningún texto de la Tanaj (biblia hebrea), pero se da por sabido que lo presuponían. Pasajes como cuando el alma de Samuel, que habitaba en el Sheol, fue molestada por la pitonisa de Endor para interrogarlo, lo deja claro. Sin embargo esta creencia llega al cristianismo en el s. IV, época de S. Agustín. Después de siglos de espera y viendo que nada bajaba de los cielos, los cristianos solventaron el problema incidiendo en la idea de que el reino de Dios ya está entre los hombres, y es la Iglesia. Y que el juicio final llegará algún día lejano, muy lejano, no se sabe cuándo. Si un cristiano preguntaba que pasaría con su alma tras su muerte, los padres de la iglesia contestaban que serás juagado inmediatamente en un juicio solo para ti. Si eres bueno iras al cielo, si has sido pecador, al infierno. Luego, al final de los días, habrá un juicio justificatorio ante todo el mundo, en el que todos serán juzgados de nuevo ante la presencia de Dios.

¿Por qué el reino de Dios está en el cielo?

El judaísmo siempre mantuvo que el reino de Dios se cumpliría en la tierra. Un reino físico, como también lo era el infierno. Algo parecido a un gran banquete donde todos comerían hasta saciarse y vivirían en una jauja de felicidad hasta la llegada del segundo y definitivo reino. Pero Pablo, primero en escribir, tuvo que ocultar esta realidad porque no podía vender esta mercancía a los romanos, posiblemente surgió entonces el concepto del reino del cielo (tema teológico del que no me ocupo),  y que la iglesia continuaría oscureciendo hasta nuestros días.

Orígenes debía ser santo, pero la iglesia lo condenó por decir que Dios era demasiado bueno.

El gran sabio y teólogo alejandrino, máxima del cristianismo y al que la iglesia le debe tanto, fue condenado al afirmar que Dios era tan bueno que no permitía un infierno eterno para las almas, además de su creencia en la transmigración de las mismas. Y, es que, hasta hace muy poco, se seguía creyendo (muchos cristianos aún lo creen), en un infierno en llamas donde las almas sufren castigos por sus pecados. ¿Pero como sufre un alma si no tiene cuerpo? San Pablo se saltó el infierno, los profetas, el purgatorio y toda transición de las almas para redirigirlas directamente al paraíso por la gracia. Dice Pablo que las almas tienen cuerpo en el paraíso a pesar de ser espíritu. Esto se explica a través de la creencia judía de que Dios tiene cuerpo y de que un ser humano no es perfecto sin la envoltura corpórea.

Dicen los críticos bíblicos e historiadores que la mejor descripción del infierno cristiano es la que ofrece la Eneida, una fábula escrita 20 años antes del nacimiento de Jesús.

Nota: Todo lo expuesto es material universitario procedente de la ciencia que estudia los textos bíblico bajo la fuente histórica, la arqueología, paleontología y la filología. No es instrumento de fe, ni religioso ni apologético.

Domingo Terroba. 

20 de septiembre del 2021