Edimburgo tiene el carácter melancólico.
La bellísima ciudad escocesa posee la atmosfera perfecta para la novela negra. Tiene el ánimo melancólico y, a veces, en días oscuros de invierno, puede adquirir incluso un aire críptico. Cuando camino por sus callejuelas estrechas, bordeadas de casitas bajas de piedra negra, percibo a Margaret como una presencia real, física, a mi lado.

A ella le deprimía la ciudad, al menos, eso creía, hasta que un día comprendió que la depresión y la ansiedad no estaban impresas en el ADN de Edimburgo; sino que eran emociones que sombreaban su mente.

Han pasado ya casi cuatro años desde que escribí «Oculto en la memoria«. Sigo viviendo en esta ciudad medieval y con frecuencia me siento tentando de recorrer los mismos lugares donde desarrollé la trama de la novela.  Cada paseo es fascinante, y en cada esquina me reencuentro con uno de los personajes a los que tanto cariño les he tomado.

De ser sincero, no me costó demasiado trabajar la mente de Margaret McGregor, viviendo en un lugar como Edimburgo. A veces, tenía la sensación de que la ciudad me tendía una mano cuando me atascaba entre un lio de palabras, entre ideas que no cuajaban o diálogos que se entorpecían o se desajustaban  Edimburgo me ofrecía imágenes vivas de su alma, de su temple desapacible, de su instinto ansioso, de su carácter voluble, y yo lo iba respirando, haciéndolo mío al tiempo que iba dando forma a la novela. Fue un proceso largo, complicado, porque tratar con mentes atormentadas no es nada fácil, pero al final, mereció la pena.

Oculto en la memoria acaba de salir a la luz en Edimburgo, su Escocia natal y, estoy convencido de que tanto Margaret, como todos sus colegas que viven entre las páginas del libro, estarán contentos, agradecidos de que la vida, la suerte o el azar, les haya dado la oportunidad de volver finalmente a casa. A la casa donde nacieron, crecieron y vivieron. El lugar donde cada uno de ellos ha ido dejando un pequeñito recuerdo de su paso por estas tierras.

!Suerte a todos¡