Ni es extraño ni nadie debería sorprenderse. Lo que hiela la sangre es que suelten una bomba de este calibre y que España siga callada. Ya no es un tema político, ni social, ni de pensiones, ni de recortes, sino de VIDA. De gente que ha perdido la vida y ha visto morir a sus familiares mientras el gobierno compraba productos defectuosos, mentía sobre los infectados, engañaba en cuanto a los fallecidos, abría las fronteras a países en cuarentena y dejaba y, aún deja, paso libre a las pateras, por citar algunos ejemplos. Un gobierno que se ha pasado la ley por la entrepierna en momentos dramáticos, saltándose la cuarentena, la mascarilla y la distancia, con el descaro propio de quien ni va con él ni le importa. Un gobierno que ha hecho uso de la falacia para tapar su ineficacia, su falta de responsabilidad y la nefasta, NULA actuación ante una situación de emergencia. Ahora, señor Sánchez, no pida responsabilidad al pueblo por saltarse las leyes. El pueblo le imita. Sigue su ejemplo. En vez de haber asomado la cabeza diariamente por la tele para hacer el paripé con simulada congoja y no decir nada, debería haber estado partiéndose los cuernos buscando soluciones, medios y auxilio sanitario para esa larga lista de muertos que lleva usted a su espalda. Y en vez de haber hecho campaña de aplausos a la caída de la tarde, vítores, jolgorio en terrazas y captura de nuevos héroes, tenía que haber emitido diariamente las escalofriantes imágenes de la gente muriendo en los hospitales. Los gritos de quienes usted no ha permitido acercarse a sus muertos, las lagrimas de un adiós en la distancia y la terrible agonía de los morían a cada hora. Entonces, y solo entonces, la gente, su pueblo, ese que le sigue y se complace de tenerle, habría tomado conciencia de lo que es una pandemia. Y, quizás ahora, no haría falta tanta policía paseándose por las playas a la captura de botellones, porque habría un registro de imágenes de la muerte en el cerebro de los irresponsables. Pero usted, señor Sánchez, junto con su gobierno de izquierda progresista a favor de okupas, de separatistas, de etarras y demás gentuza que ha encontrado escarbando en los contenedores, ha borrado esas secuencias espeluznantes. Las han secuestrado. Las han vetado al igual que ha vetado la libertad de expresión y ha mutilado la democracia con el solo fin de ocultar sus errores. Errores que usted y sus elegidos siguen cometiendo porque solo les interesa alimentar su pellejo. Grava videos de su fracasada vuelta de Bruselas, donde ha hecho el ridículo y le han llamado la atención a causa de la chulería que le caracteriza y de la que le gusta dar muestras, y los reparte por las televisiones como quien anuncia un jabón barato envuelto en seda. Y ahora tienen la impudicia de decir públicamente que jamás tuvieron un gabinete científico, algo que estaba cantado, pero que por respeto hacía su pueblo deberían haber callado. No cuela señor Sánchez. Cuela para los pobres en recursos mentales que le siguen creyendo ver en usted la solución a sus problemas. Cuela para los okupas a los que protege y concede derechos y casas. Cuela para los colectivos a los que regala usted una buena parte del sudor y sacrificio de los trabajadores para que le diviertan. Cuela para los iletrados, analfabetos, gente de escasa cultura que grita facha a quien critica su gestión sin idea siquiera de lo que significa facha. Y, sobre todo, cuela porque carece usted de una oposición con rigor que le ponga en su sitio y le llame por su nombre. Claro, que para combatir con un enemigo como usted hay que estar muy escaso en moral y en escrúpulos, debiendo dar la talla como canalla. Usted sigue al poder, señor Sánchez, porque España se lo permite, de eso no hay dudas. Una España estrafalaria, afiliada a lo ordinario, a los insultos y a las peleas. A las amenazas y a la falta de respeto para quien no comulga con su credo. Una España con reflujos de lo que fue y con pánico a convertirse en lo que un grupo de pobretones venidos a más le ha metido en la cabeza. Una España que se ha acostumbrado al maquillaje barato y a la intransigencia. Una España de Sánchez e Iglesias que se ha vestido de rojo para asistir a un concierto de camaradas. Un concierto con instrumentos desafinados que suenan a paro y hambruna, donde no se sabe que pieza suena. Ni que partitura podrá fin a tan descerebrado evento.

By |2020-08-03T19:58:56+00:00agosto 3rd, 2020|Blog|0 Comments

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