Sobre ella se han tejido mil historias con mil argumentos. Magdalena podría ser la bella Sherezade de las mil y una noche o la osada Salomé, princesa idumea hija de Herodías.

Pero al final cuajó (y no por casualidad) como la pecadora arrepentida que se elevó a una fe perfecta tras su encuentro con Jesús de Nazaret, un judío que predicaba la llegada de un nuevo reino y al que pocos tomaban en serio.

Es impresionante como de una brevísima reseña en los evangelios se ha llegado a reconstruir todo un personaje mítico, legendario, que durante siglos trajo de cabeza a los padres de la iglesia de occidente, ya que no sabían qué Maria era esta ni que perfil adjudicarle. Pero al igual que ocurre con Jesús el Cristo, solo se puede llegar a tener una noción de ellos a través de los evangelios, que no apócrifos, que son muy tardíos, 100, 200 años después de la muerte de Jesús, y demás son relatos legendarios. Y como los evangelios canónicos son en sí una pura contradicción, mientras el escrito de Juan dice que Magdalena salió corriendo para contar a los apóstoles que había visto al resucitado, Marcos, el más antiguo y fidedigno de los cuatro, afirma que las mujeres corrieron y callaron por miedo.

Personalmente me fascina el personaje, a pesar de la poca información que hay de ella. Creo que tiene fuerza, poseedora de una belleza literaria exquisita, y con carácter suficiente para crear infinidad de novelas como guiones de cine. Dan Brown la escenificó en su Código Da Vinci como mujer de Joshua o Jesús, basándose en un par de papiros copto gnósticos de Nag Hammadi, 1947, concretamente en el de Felipe,  que anuncia a Magdalena como madre, hermana y esposa del rabí, dato que hay que observar de forma simbólica, ya que nadie puede ser esas tres cosas a la vez. El escritor se tomó la libertad de presentarla como esposa.

Pero quién era realmente Maria de Magdala según los historiadores bíblicos y las fuentes arqueológicas.

Los exégetas críticos afirman que la cita de Lucas, 8  fue tomada del evangelio de Marcos, ya que Lucas copia extensamente de él, al igual que lo hace Mateo. Tres opciones ha manejado la ciencia bíblica respecto a la construcción del perfil más fidedigno de la hebrea, teniendo en cuenta que S. Juan cita que Jesús le sacó siete demonios del cuerpo y, 7 es el número de la plenitud para los judíos, así que. 1. De tratarse de una dolencia tuvo que estar gravemente enferma. 2. Una adivina, dado que la biblia hebrea prohíbe esta practica incluso con la muerte. 3. Mujer poseída por demonios lascivos. De todas ellas los historiadores optan por la enferma, más plausible que habiéndose salvado de la muerte se convirtiera en fiel seguidora del rabí.

El problema arranca con las identidades difusas de todas las Marías que citan los evangelios, siendo la pecadora aquella que enjuga con sus cabellos los pies de Jesús y cuyo nombre no se cita, lo cual indica que no es Magdalena. El papa León I ya apuntó hacía una sacudida de Marías ante la terrible confusión creada en los evangelios, pero fue Gregorio Magno quien finalmente conjuga a las diversas Marías;  de Betania, la hermana de Lázaro, la hermana del Señor, la pecadora que no tiene nombre y la Magdalena en una sola persona; la furcia. Aprovechando la gran potencia que el monacato tenía en la cristiandad del S. VI en occidente, convenía presentar a una prostituta arrepentida como ejemplo de que incluso las mujeres más despreciadas tenían cabida en la doctrina del Nazareno, al igual que las puertas de los conventos abiertas.

En cuanto a la mención que de ella hace Juan el evangelista, ningún exegeta serio lo da como verdadero. El apóstol la presenta a los pies del crucificado junto a la madre de éste y el amado discípulo de nombre desconocido. Escena imposible dado que los romanos no permitían la cercanía de familiares a los moribundos bajo ningún concepto, muchos menos los asesinados por sedición, como es el caso de Jesús el Rabí. Les estaba permitido mirar de lejos, como apunta S. Marcos, ya que las ejecuciones eran publicas a modo de escarmiento. La proximidad de la pascua, las revueltas y el asesinato ese mismo día según S. Marcos de un soldado romano, crea un habiente aún más hostil e impropio para una escena mítica, que sería finalmente el muro central donde se erige la iglesia.

Lo único cierto es que Magdalena no fue una pecadora, ni una prostituta, ni una endemoniada, porque no se cita este dato en ninguna parte del evangelio, exceptuando a Juan, que la cita 5 veces y todas en orden de desmerecimiento. Solo se sabe que era de una ciudad pesquera económicamente prospera, Magdala. Viuda o soltera, y con suficiente solvencia económica como para financiar el ministerio de Jesús, del cual era seguidora.

En el concilio Vaticano II de 1969 se hace una revisión de los textos sagrados, y es Juan XXIII quien corrige el error intencionado de su antecesor papa Gregorio Magno. Despoja entonces a Magdalena de su pasado de prostituta para elevarla a los altares con el titulo de santa.

El papa Francisco la nombró la apóstol de los apóstoles.

Todas las imágenes de Maria de Magdala furcia fueron confiscadas.

@Domingo Terroba.

Nota del autor. Lo expuesto procede de material universitario sobre el estudio (no confesional) de los textos bíblicos, judaísmo y cristianismo primitivo.