Recuerdo que nada más clarear el día me tiraba de la cama impaciente por ver que me habían traído los Reyes Magos, pero una vez veía sobre el suelo y, junto al árbol de Navidad el escalextric, los guantes de boxeo, el fuerte comanche y la escopeta de Daniel Boone, se me borraba la sonrisa y me daban ganas de llorar.  Mis ojos perseguían a mis hermanas que saltaban de alegría acunando entre sus brazos muñecas de ojos azules y cabellos dorados. Juegos de ropita de quita y pon y, las cocinitas con sus cacerolas y vajillas de plástico que yo miraba ensimismado. Yo quería esos juguetes y no los que me correspondían por ser un niño.  No entendía por qué tenia que quedarme con esos regalos «para hombres» que ni siquiera había pedido en mi carta a los reyes.  Y, lo peor de todo era cuando tenia que salir a la calle a jugar con los otros niños a comanches o, a dar patadas a una pelota.  Mi día de reyes nunca fue un día alegre ni esperado, aunque al igual que los otros niños la ilusión me empujara a saltar de la cama. Mas bien se convirtió en una pesadilla que deseaba que pasara lo antes posible porque me hacia sentir muy triste. Cuando llegaba la noche y me metía en la cama, me quedaba pensando porque yo no podia jugar con muñecas como mis hermanas y, por qué ellas estaban tan alegres y yo tan triste. Fue entonces cuando empecé a descubrir que había rincones, esquinas, recovecos o apartados a donde podia esconderme de todo lo que me hacia daño. Y, allí, camuflado tras el espeso ramaje de un árbol, me imaginaba jugando con mis muñecas a las que acunaba, les cambiaba a ropita y les daba el biberón antes de acostarlas.

A día de hoy sigo esperando ver en la tele a un niño abrazando a una muñeca en el día de reyes, o a una niña con un ejercito de soldaditos entre sus manos. Pero no ocurre. Sigue sin cambiar nada. El avance imparable que azota a la tecnología sigue sin dejar huella en la conducta humana que, parece haber perdido las ganas de reinventarse.

Al igual que me ocurrió a mí, sé que ahí fuera sigue habiendo muchos niños que sufren en el día de reyes, y no porque no tengan un regalo a mano, sino porque los adultos han decidido lo que deben regalarles. Y es entre esa multitud de caritas tristes adonde me reencuentro. A donde respiro de nuevo aquella infancia, aguardando en la fila de los niños obligados a ser lo que la naturaleza no eligió para ellos y, que la sociedad no perdona.

Ahora, desde mi perspectiva de adulto, puedo comprender el dolor innecesario que causa tantas estupideces como acumulan los adultos en sus cabezas; ideas preconcebidas que de nada sirven ni a nada llevan;  tan solo a sembrar una semilla de odio allí a donde la felicidad tenia que haber germinado.

Hoy, día de Reyes, me gustaría pedir a los astros una sonrisa para cada niño. Pero, sobre todo, para aquellos obligados a conformarse con unos guantes de boxeo, cuando su corazón vibra por acunar entre sus brazos a una muñeca de ojos azules y cabellos de oro.

47535158 – sad little boy waiting for christmas presents

 

By |2020-01-06T17:03:06+00:00enero 6th, 2020|Blog|0 Comments

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