Cuando era pequeño, un niño me preguntó en el colegio que si había visto el mar. Le dije que sí. Que era como un charco inmenso que terminaba a lo lejos tocando el cielo. A pesar de los años no he olvidado la expresión de su cara ni el brillo que inundó sus ojos imaginando lo inimaginable. La Navidad me trae recuerdos a pasado. A olor a mantecados envueltos en papeles. A noches frías con sabor a sueños por llegar. A días de nieve. A gritos de frío al meterte entre las sabanas heladas. A pijama y zapatillas con ecos de zambomba y rechinar de panderetas. Al árbol con luces y a estrellas que bajan del cielo para brillar en casa. A deseos que cuelgan de una mirada simple. A un gesto amable. A olor a rosquitos de vino y anís. A cantos de lotería al despertar la mañana. A zapatos de charol y ropa de domingo. A ilusiones recién llegadas.

Hay cosas que el tiempo no logra dejar atrás porque han quedado cosidas en la mente. Son los recuerdos de los años dorados de la infancia. De los días sin prisas. De la vida que despierta. De la ausencia de preocupaciones. De la amistad y el cariño sin reservas. De los deseos por cumplir. Emociones salpicadas de añoranzas que quedaran para siempre grabadas en la memoria con una pizca de sabor a mazapán.

!Feliz Navidad a todos!

By |2019-12-20T10:26:06+00:00diciembre 20th, 2019|Blog|0 Comments

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