La edad más peligrosa del ser humano es la niñez. De la infancia depende la salud mental del adulto; su éxito en la vida o su fracaso. Los niños no perdonan aquello que sus ojos observan diferente. Acosan y discriminan a todo aquel que no iguala la imagen que de ellos refleja el espejo. Sentarte en un pupitre siendo negro, teniendo orejones, gafas, siendo homosexual o sufriendo una incapacidad mental o física, aunque sea leve, es regalarle una caja de cerillas a un pirómano. En mi caso, las secuelas sufridas en la infancia por acoso hizo de mi vida algo completamente distinto a lo que podría haber sido. Suspender adrede o fingir que no sabes la respuesta por temor a ser blanco de miradas reaccionarias, fue mi muletilla para pasar desapercibido. No me acostumbre a vivir entre insultos, palizas y miedo, por lo que tuve que abandonar el colegio con apenas 12 años. Aprobar una ley que acepta esta barbarie es dictar una sentencia de suicidio para esos niños que sufren acoso y acaban tirando la toalla. Es violar el derecho que todo ser humano tiene a una educación libre, exenta de discriminación por cualquier tipo de incapacidad mental, física, u opción sexual. Es permitir el dolor a conciencia, el sufrimiento gratuito hacia padres e hijos que no merecen pasar por ese calvario. Esta ley en via de aprobación, solo puede estar defendida por la especie más depravada del género humano. Por gente exenta de empatía hacia el prójimo, sin sensibilidad ni sentimientos. Carente de remordimientos, pero sobrada de odios y rencor. Alzaré mi voz en cualquier parte del mundo donde se violen los derechos humanos. Poco puedo conseguir, pero decirlo, gritarlo, escupirlo, ya es mucho. Con que alguien lea esto, ya me quedo satisfecho. Por favor, no lo permitías. No lo permitamos. Gracias a todos!