No sé que ocurrirá en adelante, aunque tampoco deseo saberlo. Lo cierto es que aquellos días de un pasado inmediato tardarán en volver, y según apuntan fuentes científicas, será más bien tarde que pronto. Es ahora, cuando se inicia una desescalada prematura y de vértigo empujada por la economía, cuando empiezo a sentir más miedo. Las fuentes se contradicen; sea porque aún no se tiene una certeza sobre causa y afectación del virus o sea porque a los «de arriba» les interesa taparlo. Lo cierto es que nos siguen contando mentiras. Y, como los irresponsables cuadruplican al conjunto de infectados y sanos, tan pronto permitan salir a la calle veremos terrazas desbordadas, parques abarrotados y chiringuitos con las cervezas agotadas mientras el enemigo sigue cortando cabezas.
Esta pandemia mata con una mano y destruye empleo con la otra, (a España se le suma una tercera daga; su gobierno, puede que la más afilada). La situación no puede ser más dramática; muerte y hambre empiezan a caminar de la mano en tanto los medios me animan con soplos de victoria, himno a la resistencia, aplausos a heroes y España como primer pais del mundo donde más test se hacen. Quiero creer que me he perdido en el mundo de Alicia.
Anoche soñé que remaba en una barca sin remos sobre las aguas turbias de un estanque. Un sueño recurrente; un temor intruso enquistado en mi inconsciente a causa del miedo. Sálvese quien pueda, gritaba alguien y, a mi me sonaba a Titanic o al Coloso en llamas. Lamentablemente ese grito de auxilio se ha incorporando a mi rutina muy a mi pesar y, sin que yo lo pretenda, ya se ha hecho un hueco en mi pensamiento.

By |2020-05-01T14:55:57+00:00mayo 1st, 2020|Blog|0 Comments

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