Había una vez un territorio llamado Belfegor, reino de desorden y caos a causa de la corrupción política, donde un vasallo ambicioso y sin escrúpulos, no dudó en venderse al mejor postor para conseguir convertirse en rey, sueño por el que respiraba. Y, para ello, contó con el favor de los tiranos regentes de los reinos de las tinieblas, que apoyaron su ascenso a cambio de dudosos favores que solo vendría a empeorar la situación de un pais que agonizaba. Sanchez, nombre del súbdito belicoso, poco le importaba su tierra, ni la suerte que corriera su gente, ni el bienestar social de su pais; solo se importaba a sí mismo. Su codicia de poder dominaba un ego enfermo de sed de riqueza. Una vez pactó con Aamon, llamado Ategi, Leviatan, llamado Rufian, y Samael, llamado Iglesias, el territorio de Belfegor quedó bajo el dominio del rey tirano y embustero, en tanto el pueblo no mostró la agitación que se esperaba, sino, más bien, lo aceptaron con talante resignado, como si Sanchez hubiera sido elegido por Dios, al igual que hizo Yahve al elegir a Jacob y expulsar a Esaul, como cuenta el profeta Malaquías.

Los días venideros se presentían agitados, plagados de incertidumbre y con cierto temor a conflictos y revueltas.  Y, fue en medio de esa nube de desanimo, cuando empezó de nuevo a tomar cuerpo la idea de que los sueños se cumplen, si se sabe mover bien los hilos.

A día de hoy, en el reino de Belfegor la gente se pregunta que va a pasar ahora.  Ahora que todo parece mas confuso e incierto que nunca, en un pais que ha perdido el norte a causa de su obstinación por mirar al pasado, e invadido por tribus políticas de muy mal pelaje.

Al reino de Belfegor no se le augura buenos tiempos, apuntan los sabios. En tanto, su gente sigue tanteando de derecha a izquierda como si el mundo se hubiera creado en solo dos direcciones. 

By |2020-01-04T18:37:18+00:00enero 4th, 2020|Blog|0 Comments

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