En los duelos, al igual que en las tragedias, se oyen voces que afirman que no volverán a preocuparse por las cosas de antes. Que lo importante es la salud, disfrutar de esos pequeños momentos de alegría que salpican la vida y convertirse en mejores personas. Pero una vez el periodo de dolor toca fin, volvemos a ser los de siempre: entristecidos por un día de lluvia, enojados al volante, crispados ante las noticias, enfurecidos ante una opinión divergente. Y, aburridos por la rutina, nos volcamos en la soledad virtual en busca de un poco de diversión para paliar el pegajoso desánimo. Esto es simple dinámica humana. Parece que no estamos diseñados para mudar de sentimientos ni hacer de nosotros mismos esa ejemplaridad que puntualmente nos pellizca el pensamiento. La noticia de hoy por grave que sea, no dejará rastro ante la magnitud de la de mañana. Y, es entonces, cuando azotados por otra repentina tragedia, volverán las promesas no cumplidas y los propósitos aparcados al pensamientos. Prometo no preocuparme por tonterías. Voy a ser más feliz y mejor persona. Haré de mi vida algo diferente. Y, mientras, la vida… es esto que va ocurriendo.

By |2020-03-22T12:06:58+00:00marzo 22nd, 2020|Blog|0 Comments

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