El odio no es un sentimiento primigenio, sino una elaboración del pensamiento al mezclar emociones como la frustración o la ira. Las personas dominadas por el odio viven en un continuo tormento. Sus mentes miran a través de un filtro que les hace vulnerables a la venganza. Iglesias, el segundo abordo de la pareja tóxica que gobierna España, muestra el perfil claro de una conciencia torturada por el odio. Se coló en el sanctasanctórum de la mano de Sánchez, aquel que compró con traición y engaño su billete a la presidencia, al igual que Esaú se dejó vender a Jacob por un mísero plato de lentejas. Y, desde que ambos gobiernan junto a chavistas, criminales adormecidos y catalanes separatistas, que al igual que árabes e israelitas luchan por el dominio absoluto de un trozo de tierra compartida, España se ve más fraccionada, convulsiva y dividida que nunca. Una España donde la gente ha tenido que echar mano a gafas de sol para sentarse en comedores públicos. Donde el paro supera los 4 millones. Donde la juventud es adulta para practicar sexo y beber por embudos, pero no para mantener la distancia ni usar mascarillas y, donde el cuerpo sanitario ha salvado vidas tirando de bolsas de basura, mientras el gobierno perdía el tiempo comprando material defectuoso a cuatreros en rastrillos. Pero como nada de esto es preocupante ni merece atención alguna, se le ocurre a la hembra igualatoria Irene Montero, analfabeta de la escuela de Colau, investigar sobre prejuicios de la diversidad sexual confeccionando una lista de personajes públicos a los que habría que identificar por su orientación sexual. Esto es una canallada, cobardía, ánimo de especulación y extorsión de la privacidad a personas que no tienen porque convertirse en cebo de burlas.
Señora Montero; si tanto le interesa la diversidad sexual del colectivo, bájale los pantalones a su marido y trace una ruta entre el peñón de Gibraltar y Venezuela, a ver si así se le aplacan las neuronas que la naturaleza ha decidido poner a buen resguardo en su culo. Usted no tiene ningún derecho a colocar en el punto de mira a nadie solo por ser la mujer del Nerón del siglo XXI, acostumbrado a sobar en playas de arena blanca manchada con sangre de inocentes, así como defender la igualdad social desde la riqueza. La orientación sexual es un derecho legitimo de cada uno y punto; como quien elige estar representado por un colectivo LGBTI o de feministas, guetos dictatoriales con hoja de doble filo que razonan a favor del partido que favorece su economía, importándoles un pito lo que reivindican. Gente que no duda en insultar a personas que revelan su homosexualidad ( véase Pablo Alborán), sin montar un circo. O, que guardan silencio viendo a un desecho de la telebasura agredir con extrema violencia verbal a una señora en público. No creo, señora Montero, que logre usted el doctorado con su tesis de la diversidad sexual, como tampoco quedará inscrito en los anales de la historia reciente el nombre de su marido. La memoria, que es selectiva, se cuidará mucho de sepultarlos en esa parte del cerebro destinada al olvido. Aunque es posible que en la España de la desvergüenza, donde su marido confiere derechos legítimos a Okupas, se destaquen sus tesis calamitosas entre mentes pervertidas. Mientras el país siga gobernado por progres niñas ricas, criminales y basura independentista, usted tendrá asegurado su puesto, señora Montero, así como un mural donde colgar sus títulos.
By |2020-07-11T10:32:00+00:00julio 11th, 2020|Blog|0 Comments

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