Los evangelios en sí son una pura contradicción en cuanto a la vida, muerte y resurrección de Jeshua. De ahí que la ciencia y la historia hayan priorizado el evangelio de Marcos como fuente de investigación. 

A tener en cuenta que de los cuatro sinópticos fue el primero en escribirse, es el más fiable y el que se ciñe más a la historia que a la fe. Aunque también es el más dramático y desgarrador.

 

Sin la resurrección de Jesús no hay religión cristiana

La resurrección de Jesús es quizás el agujero más profundo del cristianismo. Del apóstol Marcos copiaron luego Mateos, lucas y Juan; siendo este último quien presenta a un Jesús divinizado desde el comienzo, con relatos fantásticos y leyendas como los 45 kilos de especies aromáticas con las que procuraron a Jesús un entierro regio, solemne, que supera la imaginación. Y, es que Juan es el apóstol de lo sublime, de la exaltación, de la apoteosis. Recrea a un Jesús más teológico que Mateo y Lucas, elevándolo directamente al estatus de Dios.  

Benedicto XVI ya intentó suavizar el espinoso tema del resucitado apostillando que la resurrección de Jesús no fue como la de la hija de Jairo o Lázaro,(que se reanimaron, más que resucitar, porque quien resucita está predispuesto de nuevo a morir), sino que Jesús resucitó a la vida eterna.

Pero es Tomás de Aquino, máxima y dogma para los católicos, quien zanjó el tema de una vez al afirmar que los apóstoles vieron a Jeshua resucitado con los ojos de la fe. 

Si leemos a Pablo, fuente primaria del cristianismo, ya que primero fueron sus cartas y luego los evangelios, al contrario de lo que mucha gente piensa, en su epístola a los Gálatas dice que fue a Jerusalén a reunirse con los apóstoles, pero no dice que vistió la tumba del rabí (algo indispensable e imprescindible). Y es que la tumba vacía es un mito tardío muy posterior a él. Nadie supo jamás donde se enterró el cuerpo de Jesús.

 

El enterramiento de Jesús, el principio del enigma

Como empezaba a oscurecer y se acercaba la Pascua, José de Arimatea enterró el cuerpo del rabino en una grieta o fosa para evitar que contaminara la tierra.

La versión de Marcos es quizás la más coherente para los historiadores, dentro de sus muchas lagunas. Dice Marcos que Jeshua fue enterrado por sus enemigos, siendo José de Arimatea el sepulturero. Que lo bajaron de la cruz y lo tiraron a una fosa común, lo que solía hacerse con los malhechores, ante la inminente llegada de la Pascua. En Hechos 13,14 se afirma que fueron los esbirros de los sacerdotes quienes lo bajaron de la cruz y lo echaron a una fosa común para evitar que la ciudad quedara impura en el día de pascua.

Pasados los años, Juan adornará este pasaje en su afán de darle a Jesús la sepultura de un rey. Añade el apóstol que Arimatea pidió el cuerpo del rabino a Pilatos para enterrarlo en su propiedad. Esto es imposible. Primero porque Pilatos accede a la petición a sabiendas de que Arimatea era enemigo encarnizado de Jesús, miembro del Gran Sanedrín, quienes condenaron al unísono a muerte al Rabino;  y de no ser así no se lo hubiera dado jamás, porque los romanos no entregaban bajo ningún concepto el cuerpo de los ejecutados por motivos políticos a sus familiares por temor a idolatría. Dice Juan que lo envolvieron con vendas y lo colocaron en una fosa, huerto o jardín; costumbre de sepultar a los reyes en aquella época, como al rey David, pero en Jerusalén de entonces no había jardines. Y como judío observante de la ley (hombre justo dice el texto) y «discípulo secreto del rabí» según afirma erróneamente el apóstol , tenía Arimatea que haber procedido a amortajarlo cumpliendo los ocho ritos que indica la ley. Sin embargo, Jesús fue tirado a una grieta o fosa común (otro de los errores de la traducción al griego de tumba). Las mujeres fueron a escondida el domingo por la mañana para lavar el cuerpo, lo que indica que Arimatea no simpatizaba con los seguidores del maestro, prohibiéndoles incluso acercarse al cadáver. 

En cuanto a Jeshua, estaban los romanos convencidos de que una vez muerto el problema acabaría, ya que el Rabí era un absoluto desconocido en Jerusalén.

Recordemos que Jesús fue colgado en la cruz por agitador político y no por razones religiosas, que a los romanos les traía sin cuidado. El rabí clamaba la inminente llegada del reino de Dios. Un reino donde Israel sería libre del yugo romano. Un reino donde no había cabida para Pilatos, Augusto, Caifás ni su suegro Anás. Jeshua era un revolucionario político, y esto, para el impero, era traición. De ahí que para este tipo de sediciosos se otorgara la peor de las muertes; la crusifixión. !Ay de aquel que cuelgue de un madero! decía Isaías refiriéndose a una muerte infame para impíos, malhechores, ladrones y subversivos políticos. Flavio Josefo la califica textualmente de muerte para bandidos.

 

Enterrar a los muertos antes de la Pascua

Debían enterrar los cuerpos antes de que empezara la Pascua. Al ver que Jesús había muerto tuvieron que romper las rodillas de los otros dos colgados para que expiraran.

Jeshua murió a pocas horas de ser colgado debido a que fue torturado brutalmente. Razón por la cual rompen las piernas de los otros dos sediciosos para acelerar el proceso de preparación de la pascua. Los romanos solían dejar colgados en la cruz a sus víctimas para que las bestias y los bichos terminaran comiendo sus cuerpos, pero para los judíos un impuro debía ser enterrado el mismo día de su muerte, así evitaban que su cuerpo contaminara la tierra, que es de Dios, (Deuteronomio 21,23).

Nadie había a los pies del rabí cuando murió. Los apóstoles echaron a correr por miedo a ser ejecutados, y a las mujeres no se las permitía acercarse. Si acaso, alguien podía atreverse a contemplar la escena desde un distancia considerable. Era esta un estricta ley romana.

Todos los evangelios coinciden en que fueron las mujeres las únicas que creyeron ver al rabino resucitado, siempre mediante la fe o a través de una experiencia interior o espiritual. Jesús les dio a ellas una igualdad que no tuvieron, cambió su cosmovisión del mundo en una época en la que los rabinos decían que todos los males entran en el mundo durante el tiempo que se pierde escuchando a una mujer. Por eso, los apóstoles se extrañaron cuando sorprendieron al rabí hablando con la samaritana.

En cuanto a las apariciones de Jesús hay de nuevo dos ramas contradictorias. Los evangelios tampoco se ponen aquí de acuerdo. Carta 1 de Pablo a los corintios, 15, dice que Jeshua se le apareció a Santiago y a 500 hermanos. Finalmente y como último de los apóstoles a él. Pablo es de una arrogancia sin limites. Y en Juan cap.20 se aparece primero a Magdalena, quine por cierto, no lo reconoce y lo confunde con un hortelano.

 

¿De dónde nace entonces la creencia en la resurrección de Jesús?

Los apóstoles estaban convencidos de que Jeshua era el Mesías, aunque Jesús jamás se proclamó como tal hasta su entrada en Jerusalén, al final ya de su ministerio. La inesperada muerte en la cruz acaba destruyendo la esperanza de sus discípulos en el plan divino: la restauración de Israel. Es costumbre judía releer las escrituras y debatir hasta la saciedad. Y es en la reinterpretación de la ley donde resuelven interrogantes que les inquietan.  La respuesta parece llegar de la mano de Isaías, quien afirma que el justo que muere de una manera injusta podría resucitar él solo. Idea de resurrección individual que no aparece en ningún otro pasaje de antiguo testamento, a excepción Isaías, 53 y del apócrifo de Baruc, un apocalíptico de mediados del sigo I.

Cierto que en Marcos y Mateo Jesús dice en tres ocasiones que resucitará de la muerte, pero son interpolaciones tardías una vez se consolida la idea de la resurrección entre los cristianos primitivos. Los judíos no creen en la resurrección de una sola persona, sino de todo el conjunto. Razón por la cual en Marcos los apóstoles le preguntan extrañados a Jesús que qué es eso de la resurrección de los muertos (otro de los múltiples errores en la traducción al griego), cuando debía ser «de un muerto».

Tampoco los evangelios se ponen de acuerdo en las apariciones del rabí. Marcos dice que todas ocurren en Galilea, mientras Hechos, que es la segunda parte del evangelio de Lucas, dice que en Jerusalén.

 

Los evangelios se escriben entre 50 y 95 a 100 años después de la muerte de Jesús

Cuando se escriben los evangelios, concretamente el de Marcos, unos 45 a 50 años después de la muerte del rabí, la idea de la resurrección es ya un hecho. Los seguidores del maestro llenaron el vacío de la muerte de Jesús y la desilusión ante esperanza de ser libre en un nuevo reino con la idea de la resurrección de Isaías.

Cierto es que la tumba vacía es una manera plástica de afirmar que el rabí resucitó.  Nadie, en ninguno de los cuatro evangelios afirma haber visto al maestro después de la muerte, sino creer haberlo visto de forma obtusa, etérea, fantasmal. Ni siquiera Tomás alcanzó a tocarlo, solo dijo «Dios mío, Dios mío…». Las mujeres decidieron guardar silencio creyendo haberlo visto por temor a que se burlaran de ellas, y Magdalena lo confunde con un jardinero, aún oyendo su voz. Entonces, cómo se entiende que sus discípulos no creyeran en la resurrección de su maestro y dudaran de todo aquel que creía verlo resucitado cuando el mismo Jesús les había afirmado que volvería de la muerte.

Para mí que soy agnóstico no hay posibilidad de resurrección de un ser humano, porque rompería las leyes de la física y de la química que rigen el universo. Pero quien afirma que resucitó apoyados en su fe también están en lo cierto, porque así lo creen.

Todo lo expuesto pertenece al estudio de los textos bíblicos bajo la fuente histórica.

Domingo Terroba.
6 de septiembre de 2021