Suele decirse que el pasado no existe, pero yo creo que es la excusa a mano para evitar emociones que provocan nostalgia, por muy alegres y dichosos que hayan sido los años vividos.

Creo que si algo tiene vigencia en una persona es su pasado.

Yo soy todo lo que me ha ocurrido en la vida, y la interpretación que he hecho de esas vivencias, de esas experiencias consumidas. Si me quedo sin memoria me quedo con una vida, pero vacía de contenido.

Si hay una esencia de mi YO no falsificado por el tiempo, he de hallarla en mi pasado. El ayer es un archivo de errores, de alegrías, de aciertos y de sufrir, y es quizás ese el sentido original de la vida; aquello que guarda la memoria. Si me arrancan el ayer, me quedo perdido en un hoy incierto.

Le doy vueltas a esta reflexión y llego a la conclusión de que soy lo que he sido, pero todo lo que he hecho no me define como mi totalidad, quiero decir, mis experiencias vividas son una parte de mí, pero no todo mi YO al completo, ya que mi personalidad va cambiando según las vivencias me van moldeando. Y, este proceso evolutivo del ser no tendría fin si no hubiera un fin definitivo.

Ser uno mismo constantemente debe ser terriblemente aburrido. Yo me canso de mí cuando veo que no hay progreso, ni ideas nuevas, ni logro resetear mi pensamiento. Lo peor que me puede pasar es definirme; ser quien fui ayer y seguir siendo esa persona mañana. Pero, para que ocurra el cambio, hay que sacudir las creencias, aquello en lo que hemos postulado durante la vida y afirmado como cierto, simplemente, porque otros así lo han hecho.

La ciencia es un ejemplo practico; lo que hoy da como cierto mañana lo desmiente ante un nuevo descubrimiento. La ciencia se renueva, nunca cesa, siempre esta en continua evolución y cambio.

Al igual que no me reconozco físicamente en fotos de hace diez o treinta años, mi identidad tampoco es la misma de esa época. Siempre he pensado que somos muchas personas en una sola y, es precisamente en esa apertura de identidades, donde encuentro la liberación de lo que se llama Yo. Tal y como afirma el pensamiento budista, no existe un Yo. Es algo creado por el pensamiento, la conciencia y las experiencias, y que va cambiando a medida que todo cambia.

Definirte como un entidad única, homogénea, es detener en cierta manera tu proceso de evolución.

Yo soy muchas cosas y, entre todas ellas, soy momentáneamente yo en alguna parte. Quizá en esa parte de mi conciencia donde me defino, pero donde encuentro también la opción de no definirme.

 

 

 

 

Y, es que el tiempo, solo puede arrastra de aquello que la memoria decide deshacerse.