Sin apenas darme cuenta he ido dejando de hacer todo aquello que me gustaba, que me motivaba y que de alguna forma me mantenía ocupada y me entretenía. Cosas sin demasiada importancia con las que disfrutaba y me sentía viva. Pero el miedo a que algo inesperado pudiera ocurrir mientras yo andaba distraída me ha bloqueado.
Ya no pinto, ni leo, ni salgo a pasear cuando el suelo esta empapado de lluvia. Ni siquiera me motiva sentarme en un banco una tarde destemplada de invierno, cuando el sol asoma torpe y con desgana entre nubarrones grises, y su luz me obliga a cerrar los ojos a la par que siento su calidez en mi cara aun húmeda y fría.
Se que debo estar atenta. Vigilante. Despierta. Concentrada en lo que ha de venir, para que cuando llegue, no me coja por sorpresa y, el dolor, no me traicione como otras veces ha hecho, a espaldas, sin que me diera cuenta.
Mi psiquiatra me ha comentado que mi conducta es propia de una neurótica.., yo le he dicho que… es miedo. Solo eso. Miedo.
Margaret McGregor.

By |2018-09-10T18:35:02+00:00septiembre 10th, 2018|Blog|0 Comments

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