«Oculto en la memoria» ha traído cosas muy interesantes a mi vida como autor: un renacer de mi carrera profesional y la posibilidad de continuar escribiendo, algo muy de agradecer en los tiempos que corren. Justo ahora estoy en la recta final de mi nuevo thriller «A los ojos de Dios», titulo provisional de la novela en la que llevo trabajando año y medio, que no es poco.
Volviendo a Oculto en la memoria, me gustaría resaltar que fue la novela que me saco de la oscuridad a donde me había acostumbrado a vivir hasta entonces. A romper el silencio que yo mismo me había impuesto. Y a poner fin a ese ostracismo a donde me había forzado mis torturas mentales. Oculto en la memoria me permito por fin abrir la ventana por donde espiaba al mundo desde una rendija de angustia y miedo. Ahora no solo me he atrevido a abrir esa ventana de pasado para permitir que corra el presente. Tambien he recogido aquello que era legítimamente mío y que un mal día tire a la basura convencido de que ni me pertenecía ni merecía la pena. Al fin parece que vuelvo a ser un poco yo. No sé si un pedazo del mismo que fui o un remix de aquel que anule temporalmente llevado por oscuros engaños. Lo cierto es que comienzo a inspirar desde dentro hacia afuera, un acto simple y natural que se convierte en un duro esfuerzo cuando pierdes el rumbo en la tormenta.
Intuyo que empiezo a desandar el camino de vuelta a casa. Y, sinceramente, creo que es lo único que realmente importa.

By |2019-07-19T13:38:37+00:00julio 19th, 2019|Blog|0 Comments

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