Teresa de Ávila decía que el sonido de las campanas invita al recogimiento. Lo que vengo a decir; a que tanta campanada mediática si luego cada uno hace lo que le sale de su nobleza. Las reuniones masivas, botellones y jolgorio nocturno pueden evitarse. Para que están las CUERPAS de seguridad, como dice Montero. !Más vigilancia! !Mas castigo! !Duras penalizaciones! La sociedad de ahora no teme. No les educaron con un leve sentido del miedo. La restricción de libertad de los padres pasó a convertirse en libertinaje para sus hijos. La nueva generación ha recibido escaso sentido de la responsabilidad, altísima autoestima y bajísimo respeto a los derechos comunes. Una sociedad desinhibida y despreocupada que no teme a la enfermedad ni a la muerte, porque les hablaron de un mundo idílico donde no hay barreras que ellos no puedan rendir, ni deseos que queden a medio camino, ni éxito que se resista. Una vez se quitaron a los muertos de en medio exponiéndolos en ataúdes sellados y tras una cristalera, se borró de la mente colectiva la imagen del final absoluto. Del fracaso de la vida. De que todo es temporal y limitado. Que la existencia es efímera y carece de un sentido concreto. Y, sobre todo, que el poder y el éxito deriva más de un cúmulo de circunstancias que a veces se suman al esfuerzo que al deseo obcecado por conseguirlo. Para que haya recogimiento debe haber sentido de devoción, de respeto, de humildad y de responsabilidad. La muerte siempre va a estar al acecho; no por ello hay que abrirle la puerta con la seguridad de quien se siente a salvo. Esa idea novedosa y preconcebida de una vida eterna, sobrada de éxitos y conquistas, amenaza ahora con un brevísimo y angustioso recorrido.