Llega el brebaje milagroso que se repartirá por el mundo, aleluya para ingenuos y crédulos que tragan noticias como mazapán en nochebuena. El raquítico numero de científicos no comprados que hallan un agujero por donde asomar la cabeza, aconsejan prudencia y desconfianza ante la pócima de la felicidad navideña. Por estadística, algún politico tendría que haber muerto de Cobi en el mundo, pero por sorpresa, todos sanan, mientras el pueblo se infecta, muere a millares y los pocos que se salvan sufren graves secuelas. Se injuria a la gente que se amontona bajo las carpas de luces navideñas, pero se obedece sin rechistar el cachondeo de restricciones absurdas que hacen del virus un vampiro que solo actúa cuando el sol se pone, mordiendo en el cuello a los que se ganan el pan. La hambruna y la violencia se disimula bajo el temor a una epidemia que los políticos utilizan para sembrar pánico y esconder bajo el Cobi el interrogante del que tanto desconfío pero algo intuyo. Pero ahora llega la Navidad y hay que sembrar la esperanza para realzar el ánimo de la gente que no tiene ganas ni dinero para salir a gastar; y la buena nueva no viene este año en camellos, sino en líquido contenido en tubitos de cristal. Debemos estar agradecidos de que nos abran las puertas del establo para que pactemos en el verdor del consumo antes de las fiestas y gastemos el último euro que nos faltará en enero. Luego nos volverán a encerrar con amenazas aliñadas con verdades y embustes que ya se andan cocinando en los Grandes Fogones !Pero eso a quien le importa! Habrá algún ingenuo que se crea esa frasecita tan relamida de que ya se ve luz al final del túnel. Los más optimistas pensamos que el túnel está aún en construcción, sobre un terreno pantanoso y al borde de un abismo negro. !Pero eso a quien le importa! Ahora se acerca la navidad, y en tiempo de paz y gloria hay que creer en Illa, en Simón y en cualquier payaso que entone embustes al son de panderetas. Este año llegan los reyes con la tercera embestida bajo el brazo. Tercera ola de un virus que parece proteger a los que manejan el mundo, pero que se ensaña con los que dependemos de él. Ahora toca creer en la navidad y sus leyendas, que ya llegará enero con su cuesta, que este año, promete ser casi imposible de trepar.